Diagnóstico 2: el espacio y los conflictos

Diagnóstico 2: el espacio y los conflictos

Los conflictos avistados en la primera semana de exploración, muestran fundamentalmente una población juvenil que hace uso del espacio para el ejercicio del ocio y como espacio de encuentro o sociabilización. La primera reacción ha sido, creemos, sentir la poca normativa y la tolerancia del espacio sin percibir ninguna responsabilidad para con el mismo.

Un primer conflicto tiene que ver con la forma de dejar el espacio cuando se marchan. Desde restos de comida y empaques vacíos tirados por el piso hasta estragos en los baños; Estos comportamientos les colocan en conflicto directo con el personal de limpieza, que no es precisamente percibido por lxs jóvenes.

Un segundo conflicto se expresa en las tensiones con el personal de seguridad. Las personas de seguridad manifiestan que su interés central es evitar cualquier tipo de accidentes que genere personas heridas o lastimadas dentro del edificio. Lxs jóvenes no perciben en muchas ocasiones los peligros que un simple juego puede llevar consigo. Por otra parte, en momentos de euforia olvidan incluso la presencia de otras personas en el espacio, como visitantes o trabajadorxs y pueden en algún momento provocar accidentes en otras personas. Igualmente, el personal de seguridad percibe como su responsabilidad, velar por que las instalaciones, mobiliario y herramientas del espacio no sean estropeadas, cosa que lxs jóvenes pueden provocar con su comportamiento.

Éstos dos conflictos los entendemos como específicos para el trabajo con lxs jóvenes.

Dibujo de Andrea Arrizabalaga

 

Por otra parte, se puede observar un conflicto por la forma como lxs jóvenes se hacen visibles al interior del espacio. En esta situación la otra parte del conflicto es portada nuevamente por el personal de vigilancia que funge como vigilante de la moral pública, pero también por la mentalidad burguesa donostiarra, que tiene predeterminadas ciertas normas hegemónicas de comportamiento en el espacio público. Desde este “antagonismo moral” se perciben actitudes como las de sentarse o tumbarse en el suelo, como también, lo que al parecer en la hoja de trabajo del personal de seguridad acertadamente se denomina “muestras efusivas de cariño”. Este conflicto afecta a lxs jóvenes, pero radica fundamentalmente en el entendimiento de las instituciones culturales como formas de disciplinamiento social. Este conflicto involucra el proyecto cultural de Tabakalera en su comprensión del espacio público y corresponde más a un debate político e ideológico sobre la función de la institución que a una particularidad de lxs jóvenes en Tabakalera.

Igualmente se puede sentir un conflicto en el uso que familias con niñxs hacen de la planta inferior, pues muchxs de los padres y madres dejan a lxs niñxs en el espacio mientras ellxs departen un rato en la cafetería, con la expectativa que el personal de Tabakalera prestará a lxs niñxs la atención requerida.

Finalmente existen algunas prácticas de visitantes que comportan un carácter muy específico y otras que no son claramente visibles. En relación a las primeras, podemos mencionar la presencia de gentes que hacen uso del internet, mayoritariamente con los teléfonos móviles pero también como Laptops, por otra parte personas que se reúnen para estudiar, trabajar o conversar, sobre todo en la planta uno del edificio. Otras particularidades son el uso a veces monopólico que una familia al parecer mongolxs, hacen de la mesa de Ping Pong, una mujer anciana que se sienta desde temprano en las sillas hamacas, una persona musulmana que reza en algunas partes del edificio o un grupo de pensionadxs que se encuentra a jugar a las cartas.

En relación a las segundas, durante la primera semana de exploración pudimos encontrar dos escenas que no resultaron claramente visibles. Una es la escena de migrantes que hablan árabe y que hasta hace poco tiempo se concentraba en la planta primera frente a la sala de exposiciones. Esta escena carga parcialmente el estigma de estar vendiendo drogas al interior del espacio. Aunque para el personal de seguridad y para la persona responsable del equipo de limpieza, la venta de drogas es una realidad, para algunas personas de la institución no se ha constituido una escena de dealers, sino más bien existe una circulación no significativa de drogas, que está destinada a satisfacer el consumo de algunxs usuarixs al interior del espacio. Esta escena se plantea para el proyecto de mediación como una escena a conocer mejor y debe ser parte del concepto global del proyecto, en tanto sujetos de derecho con una aspiración legítima a hacer uso de los recursos de la sociedad. No obstante, es necesario recalcar que el proyecto de mediación no puede asumir la resolución de un posible conflicto al interior del espacio a razón de la venta de drogas. Por lo que la existencia de una escena de este tipo afecta el conjunto del llamado ecosistema del edifico. El negocio de drogas implica muchas veces la inferencia de prácticas mafiosas que normalmente conllevan un potencial de violencia y pueden destruir los tejidos sociales y la cohesión de comunidades.