Preguntas sobre la colaboración

Preguntas sobre la colaboración

El año ya iba finalizando y con ello también el plazo para darle forma al proyecto de arte colaborativo. Llevábamos ya un año trabajando más que todo de forma asamblearia, semanalmente, apoyando el fortalecimiento de esa comunidad de lucha, encontrándonos en un momento más de formación, de conocernos, de crear cercanía. Pero igual ya tocaba definir ese proyecto que llevaría el título de «arte» y que realizaríamos junto con manteros y con un apoyo económico de 3000€. Se nos acababa el tiempo para responder las preguntas que habían estado  presentes a lo largo del año: ¿Cómo se logra activar un proceso de colaboración en un caso tan complejo? ¿De qué depende que los manteros se animen a colaborar?

La colaboración, esa palabra ideal, esa esperanza, implica tiempo, trabajo y esfuerzo. Los manteros pasan gran parte del día intentando vender y huyendo de la policía. Tienen que buscar dinero para sobrevivir y para enviar a sus familias. ¿Están entonces en situación de colaborar en algún proyecto? Para ello primero que todo sería necesario tener resueltas las necesidades básicas. El no poder o el no querer colaborar hace parte de una misma situación de dificultad y en este caso de opresión institucional, teniendo también en cuenta los intereses personales de cada mantero. ¿Ha sido entonces muy ingenuo creer que esta colaboración era posible en un año? Nos quedaba poco tiempo para averiguarlo.

La mayoría de las personas que usamos las palabras arte, o arte colaborativo, y que nos dedicamos de alguna forma a ello, no estamos en situación de exclusión e ideamos y planeamos desde un lugar privilegiado, (salvando las diferencias entre los privilegios de cada unx). También son palabras usadas dentro de una tradición occidental y blanca que en este caso se choca con problemas de personas migrantes, negras, sin papeles. Aquí el discurso artístico colaborativo se encuentra con la realidad de los manteros y sus formas de hacer, donde hay que luchar contra las leyes, contra las instituciones, contra el mismo privilegio blanco del que se alimenta el arte actual. Este proceso de aprendizaje, esta empatía, son fundamentales también para una verdadera colaboración, y no es un aprendizaje sencillo.

Otro factor determinante para entender las posibilidades de colaboración en esta experiencia es la dificultad en la comunicación, y por ello en la cercanía y la confianza, situaciones necesarias para poder trabajar colectivamente. El hablar diferentes idiomas es una de las mayores dificultades. No siempre estamos segurxs de que nos estamos entendiendo realmente, además en algunas situaciones no podemos comunicarnos por teléfono o por wsp. Además de esto están nuestras diferencias culturales, la religión, las costumbres, la educación, lo que ha hecho más lento y complejo nuestro proceso de encuentro.

Pero precisamente por todas estas dificultades es tan necesario que estemos trabajando en  este tipo de proyectos, porque son urgentes, porque necesitamos ya aprender a colaborar en nuestras diferencias, porque hay gente muriendo en la frontera, porque necesitamos cuestionarnos nuestro propio racismo, porque nos evidencian nuestros privilegios, porque cuestionan la utilidad del arte, y las dinámicas y los planteamientos del mismo arte colaborativo. Porque la palabra colaboración precisamente implica un trabajo colectivo y mutuo donde todxs aprendemos de todxs, no podemos reproducir esa idea de «ayudar» que va en un solo sentido e implica una superioridad de una de las partes. Tenemos mucho que aprender de los manteros y de su situación. Europa tiene mucho que aprender de los migrantes que no permite entrar a su territorio. Europa necesita evolucionar hacia una conciencia global, reconociendo su colonialismo pasado y actual y para ello necesita escuchar a los manteros, a lxs refugiadxs, a lxs migrantes, pero ya no desde ese pedestal desde donde promete una hipócrita cooperación al desarrollo, sino desde la aceptación de su racismo y su violencia histórica, en ese momento sí será posible una verdadera comunicación, una verdadera colaboración.

Ahora todo esto puede parecer más claro y positivo, pero en ese momento teníamos más preguntas que respuestas, un compromiso llamado proyecto de arte colaborativo y expectativas profesionales y personales por cumplir. El tiempo se acababa y aún nos quedaba por organizar una segunda residencia y 3000 euros por gastar.

Alexander Ríos y Byron Maher