¿yo, nosotros, ellos?

¿yo, nosotros, ellos?

 

Este blog es un espacio para ir compartiendo la experiencia de este proceso. La importancia de comunicar, de reflexionar, de documentar. Pero pasaban los primeros meses y el blog estaba vacío. Las palabras no fluían. ¿Qué parte contar? ¿Cómo hacerlo? ¿Desde dónde?¿En primera persona, tercera, o usando nosotros? ¿Nosotros quiénes?

 

yo

No me salían las palabras fácilmente porque me costaba entender lo que estaba viviendo. Iba a las asambleas donde nos enfrentamos a problemas estructurales, gigantescos, que afectan directa y violentamente a los manteros. Observaba. Me costaba intervenir. No tenía tanta experiencia frente a este tipo de situaciones. Nunca antes había trabajando junto a personas en condiciones tan complicadas. Normalmente cuando había trabajado en grupo, si eran personas interesadas en el arte, solían ser personas blancas, europeas, de clase media, o así. Yo soy colombiano, también inmigrante, pero con papeles, con estudios, con muchas oportunidades. Además, con los manteros existe una distancia que se hace más grande con el idioma, y las diferencias culturales. No soy negro, aunque tampoco soy blanco. También, además, soy marika.

Este proyecto es un gran reto para mí, como persona, como artista. Hace tiempo que he comenzado a alejarme de los espacios artísticos buscando una relación más fuerte entre arte y política, arte y calle, arte y gente que no utiliza la palabra arte. Y ahora estoy en este proceso tan complejo viendo qué es posible, para intentar responder a la constante pregunta de si el arte puede ser realmente una herramienta de  transformación, especialmente en una situación donde existe tanta violencia estructural.

¿Entonces hablo en primera persona, como un artista que tiene voz, y que nombra a los otros, a ellos, a los manteros? ¿Cuento aquí públicamente cómo son, y las cosas que van sucediendo en la asamblea? ¿Cómo contar sinceramente lo interesante de un proceso como éste, si eso implica hablar públicamente de otros? (y de algunos otros a quien no se les permite tener una voz pública). Es más sencillo hablar de los conflictos, debilidades y contradicciones propias, pero, y las ajenas? Hay aprendizajes que no se pueden compartir en un blog. Habrá que practicar el contar sin contar.

 

yo

Escribir y contar un proceso que necesita de reflexión y de documentación, de experiencias y de procesos colectivos. Pero cuesta escribir, cuesta y se me vienen preguntas como ¿para quién? Y ¿desde dónde? Las posibles respuestas que se me han ido pasando por la cabeza a lo largo de estos meses me han ido bloqueado las ganas de escribir.

He preferido y he necesitado hacer, que hiciésemos. Crear realidades.

Hace ya unos años volviendo de noche a mi casa pude presenciar cómo un coche de policía municipal se abalanzaba sobre un grupo de 10 manteros que se encontraban en la Plaza de Embajadores, frenando a escasos centímetros de donde se encontraban. Acto seguido salieron dos policías del vehículo, alterados, sobretodo el que conducía. Se puso a golpear, agredir e insultar a los vendedores que apenas les dio tiempo a reaccionar. Este policía se comportaba con total impunidad, abusaba de su autoridad y era respaldado por su compañero que no hacía nada. Al otro lado de la calle me encontraba yo y a mi lado otro coche patrulla que se estaba parado con dos policías observando la situación. No dijeron nada, sólo contemplaban, incluso se reían. Grité varias veces desde la lejanía para que se dieran cuenta de que alguien les estaba observando y los agentes que se encontraban a mi lado me hicieron callar.

Hasta este momento, el colectivo mantero era poco visible para mí. Esas personas que trabajan con sus telas en las calles de Madrid eran parte de la cotidianidad, una cotidianidad de una sociedad que los invisibiliza y criminaliza por ser pobres e ilegales.

Una invisibilidad que se respalda gracias al privilegio que me da mi pasaporte y mi color de piel.

Una invisibilidad que autoriza a un señor con poder y blanco a hacer con el cuerpo de otra persona lo que le de la real gana.

Mi “yo” va cargado de privilegio con respecto a mis compañeros. Eso implica muchas cuestiones contradictorias que han ido saliendo y que seguirán saliendo.

 

 

nosotros

Somos el Sindicato de Manteros y Lateros de Madrid. Un colectivo que luchamos por visibilizar y transformar la situación de los manteros y lateros en esta ciudad. Trabajamos de la mano con la ASPM (Asociación Sin Papeles de Madrid). Nos reunimos semanalmente.

No todos somos manteros o lateros. También hay personas blancas, españolas, y un par de personas latinoamericanas. También hay mujeres. Entonces digamos: nosotrxs. Entre nosotrxs hay diferencias. Nuestro color de piel es una de ellas. Nuestra lengua materna, nuestras creencias, nuestras costumbres. Unxs tenemos papeles, otros no. Unos son perseguidos por la policía, otrxs no. Unxs podemos conseguir un trabajo, otros no. Unxs tenemos derechos, otros no. Entonces ¿qué tan real y posible es este «nosotrxs»?

Escribir desde el nosotrxs como discurso político, donde no caben dudas o preguntas, porque queremos y necesitamos ser y mostrar ese nosotros unido y firme para hablar y protestar con fuerza de cara a la sociedad racista. Una voz que nos unifica en nuestras diferencias y que se expresa a través de lemas que nos representan, como: La manta no es mi sueño o Sobrevivir no es delito. Pero… ¿cómo se genera una voz colectiva desde diferentes puntos de partida? Nos vemos en la asamblea, un lugar con dinámicas más afines a unxs que a otros, donde se habla principalmente en español y algunas veces en wólof. Se trata de un espacio de comunicación, abierto, a veces lento, muy variable, único, y muy complejo, resultado de un proceso de varios años.

También hay otros «nosotros» dentro de este proceso:

Las personas que no trabajamos en la manta, ¿activistas? Personas que tenemos privilegios, información, posibilidades, y capacidades propias de una sociedad blanca.

Byron y Alexander: Somos los «artistas» del proyecto. Esto implica autoría y visibilidad aunque nuestra intención sea diluirnos en el nosotros del Sindicato. Justo eso es parte del trabajo, soltar la autoría, el ego, ceder la voz, gestionar para que otros puedan ser escuchados. Ser una canal de la voluntad del Sindicato. Pero el ego siempre está ahí, atento a mostrarse, hay que estar pendiente. Por otra parte, no somos manteros, podemos colaborar, pero en ningún momento podemos representar al Sindicato.

Proyecto de arte colaborativo: Hablar en Arte, Byron y Alexander. Nos reunimos en otros espacios, otros horarios, tenemos otros tiempos, otras dinámicas. Tenemos plazos definidos, objetivos claros, una comunicación más rápida, también nos relacionamos con instituciones públicas. Nos une el propósito de acción y reflexión sobre las posibilidades del arte. También hay un contrato entre nosotros, y honorarios.

 

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Después de varios meses de trabajo las palabras empiezan a fluir aunque no tan fácilmente. El mapa del proyecto es complejo y resulta difícil ubicarse dentro de él y encontrar un lugar desde donde escribir, y desde donde aportar. Al enunciar varios «Nosotros» aparecen entonces varios «Ellos». Ellos los manteros. Ellos Hablar en Arte. Ellxs las personas que estaban en la asamblea antes de que llegáramos. Escribir será como ir serpenteando por las posibilidades del lenguaje entre el yo y el nosotros, repensando todo el tiempo qué se puede contar, qué no, y cómo. También echar mano de las imágenes y videos, explorando más formas de narrar, siempre teniendo en cuenta que resultaría absurdo revelar ciertos procesos, problemas y estrategias de un grupo político, aunque sea una gran fuente de reflexión. Por otra parte hay que pensar en quiénes leerán este texto y qué sentido tiene su publicación. Probablemente serán personas interesadas en el arte colaborativo, personas blancas, con estudios, clase media, así que esto también habrá que tenerlo en cuenta al plantear los temas y el enfoque. Son tantas cosas que se cruzan, tantas hilos de posibles reflexiones que nos quedan por pensar y comunicar, que mejor cerrar este texto aquí, más por terminar de una vez por todas esta entrada en la que llevamos inmersos varios días, que por creer que el tema escritura, yo, nosotros, esté concluido. Sigo. Seguimos.